Sicuani y los eternos conflictos sociales

>> domingo, 26 de octubre de 2008

Cien policías intentan proteger el local municipal, que según los dirigentes debía quedar en cenizas, mientras la plaza se convierte en un campo de batalla. Una lluvia de piedras une a los hombres de prensa en una esquina y desde ahí despachan a sus redacciones. Los celulares no dejan de sonar cuando la policia informa que ya no tiene pertrechos y ha perdido el control. En Lima, dicen todo lo contrario.

El pequeño relato de Milagros Vera, corresponsal de El Comercio, es estremecedor. Lluvia de piedras, gases lacrimógenos, hombres que han perdido la razón y se dejan llevar por la furia y la violencia. Eso es Sicuani, esas son las consecuencias las miles de (sin)razones que hay para armar un protesta.

¿La gran pregunta? Son sólo agitadores los que provocan esta pequeña guerra civil que relata la prensa o hay algo más. Resulta extraño que no respetan ni a la Defensoría (me consta que el Dr. Silvio Campana es un gran profesional y tiene mucha experiencia en estos asuntos, pero ni ello le ha servido esta vez), que el hospital, la fiscalía, la oficina de Defensa Civil, el terminal terrestre y la empresa de agua potable también hayan sido destruidos, pareciera que buscan que lo poco del Estado que llegue hasta allá debiera derrumbarse para que un nuevo orden social empezará todo de nuevo.

"Radicales de Sicuani se niegan a firmar el acta con acuerdos" sentencia El Comercio. Y no hay duda que no solo son eso. Tienen más peso el presidente del Frente de Único de Defensa de los intereses de Canchis que el alcalde. Este ha desaparecido ya con toda su familia, su casa ha sido destruida y sus muebles y artefactos repartidos entre la turba que lo busco para lincharlo. Dicen que el centro del problema es la construcción de una central hidroeléctrica, dicen que la obra afectará sus sembrios porque utilizará las aguas que usan para la agricultura. Si es verdadero o falso, el Ministerio de Energía y Minas debería decir esta boca es mía y explicarle a la ciudadania como fue que se aprobó el estudio de impacto ambiental.

De hecho que tienen otras reinvindicaciones que lindan con lo extremo, como suspender el TLC con EE.UU., restringir la actividad minera en la zona o la vacancia del alcalde provincial. Pero más allá de estas peticiones resulta una vez más extraño que el gobierno no haya previsto este desencuentro cuando según informan los diarios ya tenían 5 días de paro cuando de desencadeno la vorágine de violencia. Ni la Defensoría del Pueblo que tiene la mejor base de datos sobre conflictos sociales en este país, mencionó en su reporte del mes de setiembre sobre este caso (tampoco en su boletín de conflictos al día) e imaginamos que en Unidad de Prevención de Conflictos de la PCM estaban más bien preocupados por los informes que deberian presentar al nuevo premier que monitoreando lo que ocurre en el país. A esto hay que sumarle que por enésima vez se recurrió a la figura de la comisión de alto nivel para ponerle paños fríos al problema; lamentablemente una vez más no funcionó, no se acepto deponer la actitud violenta y la camioneta del ejecutivo terminó apedreada.

En resumen, este conflicto tiene las mismas características de casi todos los conflictos sociales que ocurren en el país, donde la falta de legitimidad de un sistema central alcanza de alguna manera al gobierno regional y local, el cual debe se exilia por seguridad personal; cuando el conflicto alcanza su crisis el gobierno responde con policías que exacerban los ánimos y una comisión que para los pobladores representan sólo más de lo mismo. Estas idas y venidas, la pobreza, la desinformación, los intereses políticos y sobre todo la falta de Estado se conjugan y arman esta molotov social que les explota en las manos, nos salpica a todos y nos obliga a volver a hacernos esa eterna pregunta: ¿Cómo se debe gobernar el Perú?

Foto: La República

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