La conflictividad social en el Perú

>> viernes, 6 de febrero de 2009

Cuando se publican mensualmente los reportes de la Unidad de Conflictos de la Defensoría del Pueblo por un par de días vuelve a tomar relevancia – por lo menos a nivel de medios – la gran cantidad de conflictos sociales que ocurren en el país. Pero a nivel de conocimiento ciudadano es poco lo que el peruano de a pie que vive su vida entre la universidad, el trabajo, el barrio y la playa (si vives en la costa) durante los fines de semana podemos enterarnos sobre las dificultades sociales que ocurren al interior del país. Un claro ejemplo de ello sería la entrega de concesiones mineras en Lima, la gente de Carabayllo y Puente Piedra y sus conflictos con el Ministerio de Energía y Minas. ¿Cuántos conocían de estos problemas al norte de Lima?

Es decir, al ser los conflictos sociales hechos dinámicos con niveles de crisis puntua
les o continuadas en el tiempo es difícil sostener cuantos problemas sociales tenemos realmente. ¿Cuanta probabilidad de reconocer todos los conflictos sociales que ocurren en el país tiene el Estado Peruano? Cuando algunos pueden llegar a ser como burbujas que desaparecen al instante y otros pueden llegar a desestabilizar el sistema, minando aún más la poca legitimidad de algunas instituciones estatales. Al momento de enumerar todas valen lo mismo, cuenta tanto como conflicto social la lucha contra el By Pass de Castañeda como el conflicto en Carmen de la Fronteral tema primordial en este punto es cuando realmente cabe la denominación de conflicto, cuantos realmente lo son, si las fuentes principales para tomar conocimiento de ellos son los periódicos, que tan valido es “científicamente” hablar de elevados índices de conflictividad social. Que pasa cuando los actores involucrados tienen más preocupación por los finales felices en la industrias extractivas y dejan de lado crisis como los que sufrimos a diario con el transporte de la capital ¿La marcha en Barranco es conflicto social?

Un país como el nuestro es un gran laboratorio para empezar ese trabajo de teorizar y volver más serias las investigaciones sobre conflictos sociales. Si bien lo que planteó Franklin en sus tres anteriores post creo que ya cae de maduro la necesidad de estudiar seriamente los marcos estructurales que nos permitan habblar de conflictos, no debemos esperar a que todo lo resuelvan las consultoras con sus infinitos conocimientos de especialistas que aún no han logrado hacerla completamente acá. ¿Quién tiene la solución? No sé, lo único bueno es que todavía tenemos algo de tiempo para buscarla.

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