Estado, protestas y recursos naturales: Un triángulo de base incierta

>> domingo, 17 de mayo de 2009

“Los recursos naturales, renovables y no renovables, son patrimonio de la Nación. El estado es soberano en su aprovechamiento”. Señala el primer párrafo del artículo 66 de la Constitución Política de 1993.

El Presidente García refirió hace unos días en un acto público que las tierras de la amazonía son de todos los peruanos y no de un pequeño grupo (en alusión a las comunidades nativas en protesta). Y valgan verdades al presidente García no le falta razón, pues tal como lo señala la interpretación correspondiente al artículo citada al inicio los recursos naturales del país no le son patrimonio de la Nación, no le pertenecen al Gobierno de turno pero tampoco a personas que se incuentra directamente vinculados a ellos; por ello, podemos afirmar que son de todos los peruanos e incluso - si queremos ir más lejos - de nuestros hijos y nietos también.

Sin embargo, el Estado (y por extensión el Gobierno) tiene la potestad constitucionalmente reconocida de fijar las formas de aprovechamiento de los recursos naturales, ello se plasmarán en políticas públicas y leyes. Así, las políticas públicas de alguna manera indican la voluntad estatal, los objetivos que persigue todo gobierno. Pero que pasa cuando un artículo de opinión firmado por “Presidente de la República” como los fueron los del Perro del Hortelano dejan claro que el Gobierno va optar por una visión que tiene como mayor bien la promoción de la inversión privada en la explotación de nuestro recursos naturales. Luego esta visión se concretizará en decretos legislativos, los cuales inmediatamente serán cuestionados por los que no comparten la visión del gobierno. Comienzan las averiguaciones y sale a la luz que muchas estas leyes emitidas al amparado de la delegación de facultades no lograrón ser aceptados en las comisiones respectivas del congreso. Entonces nuevamente la pregunta: ¿Qué pasa con los que no están de acuerdo? El Gobierno (sin oposición) tiene carta libre y aparece inmediatamente otra pregunta: ¿Cuántos puntos saco el partido aprista en la región amazónica en las últimas elecciones presidenciales? ¿Cómo solucionar la protestas sin abdicar en lo que creemos?

El Perú siempre ha vivido de la explotación de sus recursos naturales por capitales extranjeros, se me viene a la cabeza el contrato Dreyfus que fue tan polémico durante la época del guano para de un salto histórico volver a los Decretos Legislativos emitidos por Fujimori para promover en inversión privada en la explotación de recursos no renovables. Nunca el Dr. Pulgar Vidal tuvo más razón “los recursos naturales no tienen la culpa”; estos simplemente se encuentran en el medio de las diferencias que genera el modelo de desarrollo que el Estado Peruano históricamente ha decidido impulsar.

No hay duda el país se ha desarrollado ¿Exactamente donde y cuanto? No sé, pero avanza hacia algún lado. Sin embargo, aún no invierte en ciencia ni tecnología, tampoco aprovechamos el gran momento de los metales he implementamos una empresa estatal a lo Codelco como en Chile que le generé millones de dólares en ingresos netos al Estado, ello a pesar de tener los proyectos cupríferos más importantes de la región (como Toromocho).

Por lo tanto, era de esperar que esta visión choque con poblaciones mejor articuladas, que están en la capacidad de movilizarse (más allá de interés subrepticios que pudiera haber) y poner en tela de juicio lo que el Gobierno consider adecuado para los recursos forestales. Estos recursos bien administrados serán la fuente más importante de ingreso y promotora del desarrollo en aquella zona del país.

Los recursos naturales implican una retribución económica al Estado, allí están las regalías, el canon o los derechos vigencia; sin embargo, para algunos compatriotas eso no es suficiente pues más vale la intangibilidad que un “supuesto” inadecuado aprovechamiento. Esta percepción nos lleva a otro problema: ¿Alguien tiene idea de lo que implica el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales? Una real valorización de lo que su aprovechamiento significa en términos sociales, económicos y ambientales. Pero al saber la gente que esto no se esta cumpliendo, hace mucho más fácil generar un discurso que subsuma todas la debilidades estatales en la gestión de los recursos naturales construyendo el marco ideal para la protesta. Es más fácil gritar contra la inversión cuando no hay pruebas sobre el trabajo del Estado en fiscalización y sanción de faltas.

Aún faltan algunas cosas por hacer; puede ser que mañana se solucione el paro, el gobierno derogué los decretos legislativos y todo siga igual, porque una vez que pase el tema la selva va seguir siendo tan pobre como en la época del caucho hasta que un día vuelva otro gobierno e intente promover su modelo de desarrollo y encontrará las mismas condiciones y por consiguiente las mismas protestas, una vez más el terrible circulo vicioso del atraso.

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