La pachamama y la barranco-mama: Algunas precisiones teóricas y metodológicas para abordar las diferencias culturales en los conflictos sociales

>> domingo, 24 de mayo de 2009

El "post" de Franklin Medrano


La protesta social vista en las regiones de la Amazonía ha despertado lecturas y posiciones que enfatizan, casi sin reflexión previa, el aspecto cultural del conflicto. Podríamos resumir este discurso de la siguiente manera:

“Para los grupos nativos de la amazonía, la selva, la naturaleza es sagrada (es como su madre) y se te metes con ella te metes con ellos (con sus hijos). Este arraigo explicaría la violencia en la protesta”.

Estas lecturas, que han sido comunes para explicar el conflicto entre el Estado y la Asociación Interétnica de la Amazonía Peruana (AIDESEP), resultan poco claras y resultan etnocéntricas por dos motivos.

En primer lugar, este modo de ver los conflictos amazónicos se concentran en la diferencia cultural, lo que provoca que la interculturalidad no sea percibida como un problema político. El debate de fondo, consiste en la oposición entre el ius imperium (el Estado es soberano en el aprovechamiento de los recursos naturales de la nación) y los derechos políticos de los ciudadanos a participar en las decisiones locales. Por ejemplo, el derecho a ser consultados en caso haya posibilidad de explotar los recursos de su localidad o si esta será alterada por alguna obra pública de gran envergadura. Es decir, boras, arequipeños y limeños tienen derecho a ser consultados ante la posibilidad de re-organizar sus tierras y participar en las decisiones locales, incluso regionales (si cuentan se cuenta la organización), al margen de las diferencias culturales.

El segundo motivo por el cual este tipo de lecturas yerra consiste en el talante etnocéntrico, y hasta racista, de abordar los conflictos sociales. Bajo este tipo de lógica, sólo cuando se trata de conflictos en la Amazonía podemos (y debemos) hacer “análisis cultural”. ¿Pero por qué no aplicar “análisis cultural” para explicar el conflicto entre los vecinos de Barranco y la Municipalidad de Lima entorno al Metropolitano? ¿Acaso el conflicto de Barranco no se debe a que el estado no consulto (otra vez) a los ciudadanos?

Podemos afirmar entonces que estamos frente a un uso diferenciado de métodos para explicar los conflictos sociales en el Perú: “Para los de la amazonía usamos análisis cultural (previa cita del convenio 169 de la OIT), para mis amigos de Lima usamos participación ciudadana (vecinos, nunca pobladores)”. Los ciudadanos de AIDESEP no son los únicos que mantienen un “vínculo peculiar con su territorio, su cultura y su vida”. Veamos lo que dice uno de los post del blog Salvemos Barranco:

“Barranco es patrimonio cultural de toda la Nación, conservarlo es nuestro deber y nuestro orgullo. El progreso no se construye de espaldas a la población, destruyendo nuestra cultura e identidad… No a la improvisación. Exigimos que la autoridad consulte a los vecinos. No al oportunismo. Peleamos porque somos barranquinos y aquí vive nuestra familia”.

La organización y simbolización del espacio es un proceso humano, universal, para el desarrollo de las identidades colectivas. Existen lugares (distrito, barrio, colegio) donde las relaciones y la historia de los que la habitan y frecuentan posibilitan una identidad colectiva, un sentido común. Los de Barranco también han simbolizado su distrito, por lo que del mismo modo que afirmamos la existencia de una pacha-mama podríamos afirmar la existencia de una barranco-mama.

Por ello, el análisis de los conflicto sociales debe hacerse usando los mismos procedimientos. El problema no son los “análisis culturales” sino su aplicación acrítica. Si vamos a incorporar elementos culturales en los análisis hagámoslo para todos los grupos sociales, incluyendo el nuestro. Si los de la Amazonía son “exóticos” que merecen otro método y los de Lima no pueden ser vistos como “exóticos” que se explique el por qué de esta diferencia para evitar suspicacias.

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